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En el Km. 346 de la ruta 12, la panorámica ruta 12, justo allí al lado del mojón hay una entrada a camino vecinal con un letrero indicando que a 5 km. se encuentra el VALLE EL HILO DE LA VIDA, un sugestivo nombre que nos atrapa e invita a llegar hasta un lugar, donde nos sentiremos transportados a través del tiempo, tratando de descifrar una cantidad de
incógnitas que nos dejan las "cosas" que allí observaremos y fundamentalmente, sentiremos.
La propiedad que lleva el mismo nombre incluye el Cerro Negro, una vertiente "el Hilo de la Vida" y un valle muy hermoso, con otras cañadas que arrullan con su constante murmullo. Sus propietarios mantienen este espacio de una manera muy especial; por ejemplo no hay alambrados y vallados que parcelizen la propiedad, y este pequeño, gran detalle, le da a todo el entorno una característica muy especial, fundamentalmente cuando se le observa desde el punto mas alto del "Cerro Negro". Parece "campo virgen", se siente que se puede recorrerlo totalmente sin toparse con el alambre.
Sobre la ladera nor-noroeste del cerro, la ladera que da la cara al sol (y solo de ese lado) existen móntículos de piedra, construidos por hombres, cuyas edades
está estimada en mas de MIL años. Basados en el estudio geológico de las piedras de un color blanquecino, los peritos afirman que fueron
construidos estos montículos hace mas de mil añitos. La construcción no tiene amalgaza, es solo piedra trabada. Existen restos de casi noventa montículos, muchos de ellos alineados siguiendo la línea del sol; otros marcando claramente, líneas que siguen los puntos cardinales. Lo curioso es que la erosión ha canalizado a través del tiempo, el agua que corre por la ladera del cerro, el cerro esta claramente erosionado, pero allí
están los montículos, impertérritos, solo el hombre les ha causado un daño irreversible. Y son solo piedras trabadas, digo solo sin
peyoratismo, solo porque no hay otra cosa. Solo piedra trabada.
Caminar por los senderos naturales
construidos por el tiempo, transporta nuestro pensamiento a nuestros orígenes, a los indígenas anteriores a nuestros conocidos charrúas. Sentirse allí, canaliza nuestra energía interior, se siente el
espíritu conmovido por la majestuosidad de estos "observadores" del tiempo. Se siente como si estuviéramos frente al altar levantado para honrar al TIEMPO y a la VIDA.
Y por supuesto, con la sensibilidad a flor de piel, se notará que no faltan los duendes y tampoco los guardianes.
Cuánta historia nos gustaría conocer, despues de conocer el Valle El Hilo de la Vida.
Cuánto análisis de la energía, cuanto sentimiento genera estar cerca de esas piedras, verlas, recorrerlas, porque al irse del lugar, se siente estar mas atraído que antes, de querer lograr descorrer ese velo enorme que deja ante nuestros ojos y entendimiento, el paso del tiempo con su implacable misterio sobre algo que nació tan simple como trabar una piedra con otra. Será El Hilo de la Vida tan simple como eso?
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